Ella, después de que en la boda el novio se “quitara la vida” (siendo vampiro, estando dominado para fingir una muerte humana), para provocar el destierro y el desprecio de su propia familia, aumentando su dolor.
ÂżCĂłmo imaginar que hay algo mas poderoso que el amor?
¿Cómo pensar que la muerte es una opción más?
ÂżCĂłmo no sentir?
ÂżCĂłmo perdonar y perdonarme?
¿Cómo, si mi vida está perdida?
Tan poco tiempo me queda, es muy poco lo que queda de esta condena.
Una racha de locura me hace hablar en un momento,
Una sensata elocuencia me hace parecer distante a mi sufrimiento,
Un segundo para decir, lo que ya nadie quiere o puede oĂr.
Estuve enamorada, creĂ ser amada,
pero “prefirió la muerte” de un tajo de espada,
la culpa es mi cruz, el desprecio mi castigo,
el destierro mi penitencia y la muerte mi condena.
Mi madre me desprecia, mi padre me condena,
y mi mente solo me busca y me juzga,
me abandona y aprisiona en un momento,
en un lamento…
La hechicera, habla de la fuerza que su trastorno cobrará en energĂa para sus fines, y para que eternamente, condenada sin causa, quede a merced del enemigo del que pudo haber sido su esposo.
Sangre y dolor,
pudor y llanto
soledad y ansiedad…
una vuelta al torniquete más,
y su alma estará perdida,
esa alma que pura brilla más.
No existiese nada a medias en su sentir,
un amor perfecto, afectos perfectos,
la boda perfecta…
que…
en una vuelta de rueca,
le atrae la locura perfecta,
para que en su penumbra conozca el temor,
la desdicha, la angustia, el desdén,
y pueda por fin el alma a otro dueño,
pertenecer.
DĂas despuĂ©s, la confusiĂłn era más latente, fue testigo de la inmortalidad de su antiguo amor, pero tambiĂ©n es testigo de la venganza, de la hechicera, de que lo sobrenatural le acorrala, pero en su confusiĂłn no cree ya en nada.

Oigo tu voz,
tĂş que me abandonaste,
te niegas a dejar de torturarme,
¿qué mas quieres?
Me tuviste en vida,
me humillaste y me dejaste vacĂa.
Tu voz, oigo tu voz…
Y por un momento creo verte,
¡háblame!
Por que vienen por mi,
por que no me dejarán irme,
por que vienen por mi.
¿quién fuiste?
¿qué eres? ¡monstruo!
¡No!, monstruo quien te alejo de ti,
que me condujo aquĂ,
que me deja oĂr a los muertos,
que me aprisiona,
que viene por mi.
Es él, es ella,
no… soy yo…
En plena crisis, la hechicera le conduce hasta donde en comĂşn batalla se encuentra su antiguo amado y su rival (ambos vampiros) para concluir en un baño de sangre despiadado, del cual no regresa del pánico, de la confusiĂłn y de la tortura, concluyendo el ritual mediante el cual la hechicera captura la esencia para dejarla siempre aferrada al mundo del peor enemigo de su posible esposo y con el cual la hechicera se alimenta de esa energĂa de “separaciĂłn” la cual convierte el dolor de la doncella en un lamento eterno (banshee), tomando a escusa escondida el poder de la sangre del vampiro.
El momento comienza,
sólo una gota más,
basta el horror de una noche vampĂrica
para arruinarle; un vĂnculo forzoso,
para capturarle; y la evidencia de la no muerte
de su amado para evocar al demonio
que será por siempre,
y aferrarla sin voluntad cual fantasma
al capricho de un verdugo
del que tomaré gran ventaja.